FREDERIC CHOPIN Y GEORGE SAND

Probablemente nunca se atrajeron tanto dos personas sumamente opuestas como Chopin y George Sand; no sólo en carácter sino en apariencia física. Él, neurótico, tierno, soñador, delgado y frágil. Ella, regordeta, de inteligencia aguda; de largos cabellos azabache igual que sus ojos, de mirar apasionado.
Algunos amigos invitaron a Chopin a una reunión. Con su habitual timidez, se sentó al piano e improvisó. Cuando se detuvo, vio asombrado una mujer vestida de hombre que lo estaba felicitando por su maravillosa interpretación.
"He conocido a la famosa escritora George Sand, pero no me gusta su cara, hay algo en ella que me repele". Así escribió a sus padres; pero la naturaleza débil del músico no pudo resistir los encantos avasalladores de George. Pronto los dos fueron vistos juntos, convirtiéndose en inseparables.
Constituían una pareja despareja: sus temperamentos chocaban; sus gustos, divergentes; sus opiniones, opuestas.
Una amiga de ambos escribió: "Ella le habla demasiado crudamente y eso lo hiere. Por su parte, él tiene sus caprichos, sus vivacidades, sus exigencias, sus antipatías. Chopin la llama "mi ángel", pero el ángel tiene alas que lastiman".
Finalmente, después de años de convivencia, se separaron.
George admitió: "Chopin no quiso aceptar mi legítima intervención. ¡Que blasfemia después de ocho años de maternal abnegación!. Volví a verlo, pero me eludió".
George intentó visitarlo cuando estaba moribundo, pero le negaron la entrada. Chopin persistía en ignorarla y mantenerla a distancia. Ella, destrozada por esa extraña actitud, tuvo que admitir que Chopin nunca supo perdonar.

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