La curiosa travesía del anillo de un prisionero de guerra

El soldado italiano que estaba al otro lado de la almbrada tenía todo lo que el alférez David Cox más deseaba en la vida: dos barras de chocolate.
Era marzo de 1945, y ambos hombres estaban recluídos en un campo de prisioneros alemán. A los cautivos se los separaba por nacionalidad, pero el hambre los hacía iguales. Sus raciones de comida consistían principalmente en sopa infestada de insectos y pan negro mezclado con aserrín.
En la barraca de Cox, los soldados y aviadores estadounidenses daban vueltas, flacos como espantapájaros en sus uniformes.
Del otro lado, prisioneros esqueléticos de otros países se acurrucaban para protegerse del frío.
El italiano señaló el anillo de piloto que Cox llevaba en la mano derecha; lo quería a cambio de los chocolates.
El oficial estadounidense miró el anillo y en el acto recordó el día en que sus padres se lo dieron: cuando se graduó en la escuela de aviación y se casó.
Hizo girar el anillo en su dedo. Pensó en sus padres, en su esposa y en los sueños amalgamados en ese objeto de oro. Entonces se lo quitó y lo pasó por la alambrada.

DIECINUEVE AÑOS DESPUÉS
En julio del 2013, Mark y Mindy Turner fueron a cenar a la casa de un vecino suyo, en el pueblo de Hohenberg, Alemania. Martin Kiss, era un hombre afable que rondaba los 65 años. Trabajaba como pintor en la iglesia del pueblo.
Luego de la opípara cena, Martin les mostró a Mark y a su esposa sus cuadros. Pero no sólo les enseñó sus creaciones, sino también una pequeña caja que tenía bien guardada. Dentro de la caja había un anillo de oro decorado con una hélice de avión, alas, un águila y las letras US.
Les contó que su abuela le regaló el anillo, que le había dado un soldado ruso que volvía a casa de la guerra como pago por alojamiento y comida.
Martin se preguntó por años sobre su origen. Por el diseño y la inscripción,"De mamá y papá para David Cox,Greensboro,Carolina del Norte,10-4-18-42", dedujo que debió de haber pertenecido a un soldado estadounidense, pero no tenía idea de cómo localizar al propietario.
"¿Podrían ayudarme a encontrar a este hombre o a sus hijos?", les preguntó Martin.
Mark se comprometió a intentarlo, y le tomó fotos al anillo antes de marcharse.
Mark halló en Internet una tesis de maestría escrita en 2005 por alguien llamado McDowel, que trataba sobre las experiencias de guerra de David Cox. La anécdota del anillo y las barras de chocolate se narraba en cuatro renglones.
Mark le envió un e-mail al autor, preguntando si conocía el paradero de la familia Cox. McDowel respondió que él era el yerno de David hijo, y que la tesis estaba basada en el diario de Cox, conservada por la familia tras su muerte. A continuación reenvió el e-mail de Mark a su suegro. David lo leyó a la mañana siguiente. "Sentí escalofríos", recuerda,"pensé: esto no es posible, parecía un sueño."
David le envió una nota a Mark explicándole que los números en la inscripción del anillo se referían a la fecha de nacimiento de su padre y el año en que recibió el anillo. También le mandó una nota a Martin en la que le ofrecía pagarle el valor del anillo.
Martin ni siquiera aceptó el reembolso de los gastos de envío. "No es mi anillo", le dijo.
El 16 de agosto de 2013 David reunió en la sala de su casa a su hermana, esposa, hijas, yernos y nietos. La mano le temblaban al arrancar el papel de la caja. Finalmente sacó el anillo.
"Pensé: La última vez que mi padre sostuvo este anillo fue para intercambiarlo. Ojalá se lo hubieran devuelto cuando aún vivía, para poder decirle:¡Papá, mira lo que acabas de recibir!":
"Tengo intención de conservarlo en la familia.Espero pase de generación en generación, al igual que su historia."
"Si llego a ir a Alemania, para visitar a Martin, es un hecho que le llevaré chocolates."

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